El Levante español es una de las principales despensas agroalimentarias de España y de buena parte de Europa. Este liderazgo no es fruto del azar, sino del papel estratégico que desempeña el regadío como herramienta de transformación del agua en alimentos seguros y de alta calidad. Desde Catalunya hasta Almería, pasando por toda la Comunitat Valenciana y la Región de Murcia, el regadío eficiente se erige como un factor clave para garantizar la producción agrícola y la estabilidad del medio rural.
Gracias al regadío, zonas tradicionalmente áridas han logrado convertirse en espacios altamente productivos, capaces de abastecer de frutas, hortalizas y productos hortofrutícolas frescos a millones de consumidores. El agua, correctamente gestionada y aplicada, permite mejorar la calidad de los cultivos, asegurar cosechas regulares y responder a las exigencias de los mercados nacionales e internacionales en materia de trazabilidad, seguridad alimentaria y sostenibilidad.
En este proceso, las comunidades de regantes desempeñan una labor absolutamente esencial. Son ellas las que hacen posible, día a día, que el agua llegue a los campos en las condiciones adecuadas, optimizando cada gota disponible. A través de una gestión colectiva, responsable y profundamente arraigada en el territorio, las comunidades de regantes organizan el reparto del agua, mantienen las infraestructuras hidráulicas y aplican criterios de eficiencia que permiten compatibilizar la producción agrícola con la preservación del recurso.
PATRIMONIO HISTÓRICO Y CULTURAL
Más allá de su función productiva, las entidades de riego del Levante atesoran un valioso patrimonio histórico y cultural que forma parte de la identidad del territorio. Muchas de ellas hunden sus raíces en siglos de tradición, con sistemas de reparto del agua, normas consuetudinarias y formas de organización colectiva que han perdurado en el tiempo. Acequias, azarbes, partidores y otros elementos hidráulicos cumplen una función técnica y constituyen un legado vivo que testimonia la capacidad para adaptarse al entorno y a tiempo. El Juzgado Privativo de Aguas de Orihuela, el Tribunal de las Aguas de la Vega de València o el Sindicato de Riegos de la Comunidad de Regantes de Vila-real y Alquerías son algunos ejemplos de ello.
Este patrimonio hidráulico y organizativo refleja una cultura del agua basada en el consenso, la equidad y el respeto al recurso, transmitida de generación en generación. Las comunidades de regantes gestionan infraestructuras y preservan conocimientos tradicionales, valores de cooperación y un modelo de gobernanza participativa que sigue plenamente vigente.
INNOVACIÓN TECNOLÓGICA
Desde hace décadas, este legado histórico se combina hoy con la innovación tecnológica, reforzando un modelo que mira al futuro sin renunciar a sus profundas raíces culturales. La modernización de los sistemas de riego, impulsada en gran medida por estas comunidades, ha supuesto un salto cualitativo en el uso del agua y la energía. La implantación del riego localizado, la automatización, el control de consumos y el uso de tecnologías de precisión se complementan cada vez más con la incorporación de energías renovables, como la energía fotovoltaica y las soluciones de agrivoltaica, que permiten alimentar estaciones de bombeo, sistemas de control y otras infraestructuras con energía limpia.
Estas iniciativas reducen costes energéticos, disminuyen la huella de carbono del regadío y refuerzan la sostenibilidad económica y ambiental de las explotaciones. Entidades como la Comunidad de Regantes Virgen de las Nieves de Aspe, la Comunidad de Regantes de Llíria o la Comunidad de Regantes Cota 220 del Mijares de Onda son casos representativos.
TRABAJO Y EMPLEO
Además, el regadío sostiene miles de explotaciones familiares, genera empleo directo e indirecto y fija población en el medio rural. Sin esta actividad, gran parte del tejido económico y social del Levante se vería seriamente comprometido, con consecuencias que irían mucho más allá del ámbito agrícola.
En definitiva, el regadío en la zona de Levante representa un modelo de transformación del agua en alimentos de calidad que beneficia a toda España y a Europa. Un modelo basado en el esfuerzo colectivo, el conocimiento acumulado durante generaciones y la gestión ejemplar de las comunidades de regantes, verdaderas guardianas del agua y protagonistas silenciosas de un sistema agroalimentario moderno, competitivo y sostenible.
Comentarios recientes
Me parece importante que tengan en cuenta a todas las comunidades de regantes de la Federación y en esta nueva etapa se pudiera dar respuestas […]
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