Cuando pensamos en el regadío de la Comunitat Valenciana, la primera imagen que nos viene a la mente suele ser un naranjo repleto de frutos o una tabla de arroz verdeando al sol. Sin embargo, para que todo eso sea posible, existe una arquitectura invisible para muchos, pero vital para todos: nuestra red de infraestructuras hidráulicas.
Acequias, canales, azarbes, balsas y colectores de drenaje no son meras conducciones de agua, son infraestructuras productivas y territoriales de primer orden que vertebran nuestra geografía, moldean nuestra cultura y protegen nuestras ciudades y pueblos.
Distribuir y evacuar con precisión
El agua en el campo valenciano sigue un viaje circular donde nada se desperdicia y todo cumple una función doble:
- Distribuir la vida: Canales, acequias y redes de riego transportan el recurso desde los ríos, embalses y pozos hasta la raíz de cada cultivo con la máxima eficiencia.
- Evacuar los excedentes: Aquí entran en juego los azarbes y las redes de drenaje. Cuando el agua ya ha cumplido su función en el riego o cuando las lluvias saturan la tierra, estos cauces recogen el sobrante para devolverlo al ciclo natural, a las zonas húmedas o al mar, evitando que los suelos se ensalitren o se aneguen.
Conectores de espacios y creadores de paisaje
Nuestra red hidráulica funciona como una inmensa malla de comunicación verde. Las acequias y canales rompen la monotonía del territorio conectando núcleos urbanos, zonas agrícolas, parajes naturales y humedales como la Albufera de Valencia o el El Hondo de Elche.
Muchos de nuestros paisajes más icónicos y protegidos existen gracias a la mano del regante. Sin el flujo constante y controlado de estas redes, la biodiversidad de nuestras zonas húmedas y la riqueza vegetal de nuestras comarcas no tendrían el sustento que hoy las mantiene vivas.
Además, estas infraestructuras generan microhábitats de incalculable valor: riberas de acequias y márgenes de azarbes sirven de refugio, corredor ecológico y zona de anidación para infinidad de especies de aves, anfibios, peces de agua dulce y flora autóctona.
El escudo invisible ante el clima extremo
En la Comunitat Valenciana conocemos bien la dualidad de nuestro clima: periodos prolongados de sequía alternados con episodios de lluvias torrenciales. En ambos escenarios, las infraestructuras de riego demuestran su valor estratégico: las balsas de riego actúan como reservas estratégicas en sequías y como cuencas de amortiguación en momentos de precipitación intensa; las redes de azarbes y colectores laminan y canalizan las escorrentías masivas, desviando grandes volúmenes de agua de lluvia lejos de cascos urbanos y carreteras; y, los suelos de regadío bien gestionados actúan como esponjas naturales que favorecen la infiltración y la recarga de los acuíferos subterráneos.
Un patrimonio de todos que debemos cuidar
La próxima vez que pasees por la huerta, cruces un puente sobre un canal o veas una balsa, recuerda que no estás viendo solo obras de ingeniería. Estás contemplando un ecosistema territorial vivo, mantenido día a día por las comunidades de regantes, que al alimentar nuestros campos, cuida también de nuestra biodiversidad, nuestro paisaje y nuestra seguridad medioambiental.
Comentarios recientes
Me parece importante que tengan en cuenta a todas las comunidades de regantes de la Federación y en esta nueva etapa se pudiera dar respuestas […]
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